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Oscuridad

Oscuridad. Uno suele relacionar la oscuridad, el color negro, con situaciones negativas, dolorosas, que nos dañan, nos hieren. Y si bien es cierto que la oscuridad en sí misma no nos daña, si nos desorienta, no podemos saber exactamente lo que pasa a nuestro alrededor. Y es en ese momento, cuando la oscuridad reina, que nuestros miedos, nuestras frustraciones, nuestro pesares salen con más fuerza. Nuestra mente llena los vacíos visuales con ideas, situaciones, momentos. Vaya uno a saber por qué la oscuridad hace que nuestra mente vaya a sitios dolorosos, en vez de a sitios maravillosos, pero pareciera ser que así funciona.
Entonces, cuando estamos en situaciones dolorosas, que nos hieren, nos dañan, sucede a la inversa. Puede pasar que estemos en un día precioso con un sol maravilloso, con un paisaje de ensueños delante de nuestros ojos, pero no hay vacíos visuales, hay vacíos mentales. Entonces, todo se vuelve negro, oscuridad, esa sensación de caer y nunca llegar al fondo. Parece que uno cae en un pozo sin fin, que uno no termina nunca de caer. Porque para salir de un pozo, uno tiene que terminar de caer, mientras sigamos cayendo, no hay posibilidad de salir del lugar que nos encontramos.
En estas situaciones podríamos decir que sucede a la inversa de una noche oscura. Porque para que la noche oscura se transforme en una luz radiante de medio día, solo hace falta tiempo. Pero para que nuestra oscuridad se convierta en luz, el solo pasar del tiempo no hace nada. Ni siquiera es un túnel. Para que un túnel pueda ser llamado como tal, tiene que tener una entrada y una salida. El solo hecho de transitarlo, hace que uno pueda salir nuevamente a la luz. No es así con la oscuridad de nuestra alma. Mientras más negros son los días que vivimos, hay una lamentable verdad, más tendremos que hacer para que se vuelva en luz lo que antes era oscuridad. Porque esa oscuridad es como un pozo muy profundo. Y el de cada uno difiere en profundidad. Cuando uno cae en un pozo, el esfuerzo para salir está íntimamente relacionado con la profundidad del mismo. Así también, demanda una cantidad de energía sin igual salir de nuestra oscuridad.
Cada día que uno transita en la oscuridad, no solo aparecen nuestros miedos y temores, salen también de nuestro interior nuestros monstruos, aquellos seres que solo existen en nuestra mente, pero no por ello dejan de ser reales. El daño que nos causan, que causan a otros son muy reales. Y como dice la física, que a todo acción le sucede una reacción, si hay daño, es porque hay un causante, nuestros monstruos. Estos seres son los que tenemos dentro, todos, absolutamente todos los llevamos dentro. Cuando vemos que dañamos a ese ser que tanto cariño le tenemos, pensemos que uno de nuestros monstruos oscuros nos está contagiando su oscuridad, y hace que le quitemos a alguien su luz. Estos monstruos no nos dominan, pero conviven con nosotros. Es imposible que nunca muestren su rostro. Cuando así es, pobres de nosotros! Oscuridad va a invadir a nuestra mente. Porque gran parte del dolor, del daño que sufrimos, proviene de nuestro interior. Solemos culpar a otro de nuestras miserias, cuando en realidad, son eso, nuestras. Estos monstruos hacen que la oscuridad reine en nosotros, y el daño comience a hacer mella en nosotros. ¿Dejaremos que esa oscuridad nos engulla? ¿Estamos invariablemente condenados a vivir en el dolor?
Así como la oscuridad es un sitio doloroso, la luz es un sitio de bienestar, donde uno jamás quiere irse. El problema reside en que no tenemos monstruos de luz en nuestro interior. Así como es imposible salir de un pozo sin que alguien nos arroje una cuerda, así como no podemos iluminar una habitación absolutamente oscura sin una fuente de luz externa, necesitamos luz de otros seres. Y aquí la comparación con la noche o el túnel queda más claro que no aplica a la oscuridad de nuestro ser. Para salir de la noche, solo hace falta tiempo, para transitar un túnel no necesitamos ayuda. Para salir de nuestra oscuridad sí.
Los monstruos de nuestro interior, que quieren que vivamos en completa oscuridad, con dolor, con sufrimiento, está claro que no son altruistas con nosotros. Ellos viven de nuestra luz, y de la de los demás. Cuando dejamos que gobiernen, solo oscuridad puede haber en nuestra vida. Sí, podemos no dejar que gobiernen. Pero tenemos que saber que están. Para luchar contra un enemigo, hay que saber de su presencia, sus tácticas, para poder, sino ganarle, al menos dar batalla.
Porque eso es la vida, una batalla contra la oscuridad. Todos peleamos contra estos monstruos, y a los que les va mejor en la pelea, pueden ayudar, regalando un poco de luz a los que no están pudiendo dominar a sus enemigos interiores.
Debemos rodearnos de seres que regalen luz, pero no evitar a los seres oscuros, necesitan algo de luz.
Pensemos cuando estamos luchando contra nuestros monstruos, que no solo estamos luchando contra nuestra oscuridad, que no solo queremos algo de luz para sentirnos bien, estamos luchando para que otros pueden tener un poco de luz.
Solo después de luchar incansablemente contra la oscuridad, no es seguro que tengamos luz plena, pero lo seguro es que al menos estaremos más cerca de ella.

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